OJALÁ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuensanta Ruiz-Erranz Aupí.

Escritora de poesía y narraciónde Las Torres de Cotillas. Ganadora del premio Escriduende 2017.

 

Ojalá pudieses verte a través de mis ojos. Ojalá, realmente, pudieses verte a través de los ojos de cualquiera. Sé que a veces mantienes alguna conversación con tu reflejo. No contigo misma, pues sé que no te reconoces y dudas quién pueda llevar la razón.

Sé que todo aquello que él te dijo hace cualquier comparación increíblemente odiosa. Y difícil. “¿Soy esa persona que veo? ¿Cuándo comencé a ser así? Y lo más importante ¿Volveré a ser quien era?” Piensas mientras evitas mirarte.

Ojalá, como dice Sara Bueno, con la venda de tus ojos te hicieses un lazo para el pelo. Ojalá pudieses dejar de creer todo aquello que crees que no funciona en ti. Todo aquello que él te dijo que no funciona en ti.

Ojalá tu valor y valía como mujer no hubiesen sido medidos por un hombre que desconoce la métrica, por un hombre que hay demasiadas cosas que desconoce. Ojalá no existiese una métrica acompañada por el sufijo “de mujer”.

Ojalá tu percepción, autocrítica y autoexigencia no formasen alianza con el estereotipo patriarcal de perfección. Ojalá estas no hubiesen declarado la guerra a tu autoconfianza, que trata de evitar las flechas que le lanzan sin lograr que algunas se hayan clavado en el corazón de tu autoestima, dejándola, para siempre marcada.

Hablas desde un presente que no se libera de las manchas del pasado. Hablas sobre un pasado que lucha por boicotear tu futuro. Ya no hablas de sueños. Ya no ríes, ya no sueñas.
Pero has empezado a vivir, aunque todavía no lo sepas.

Conseguiste dejar atrás al monstruo causante de tus pesadillas, al monstruo responsable de tus insomnios. Ahora la vida te sonríe, y, el espejo te devuelve la sonrisa.

Sí, ojalá pudieses verte a través de los ojos de cualquiera. porque déjame decirte cuál es tu verdadero reflejo. Te he visto pisar fuerte aun con las rodillas temblando de miedo. Te he visto y te veo válida, querida, segura. Te he visto decir a otras que deben quererse. Te he visto preguntar si algún día alguien te querrá, si alguien te verá. Y no entiendes que nadie podrá hacerlo si tú no lo haces.

Y fíjate, escucha, que tus espejos ya no están amordazados y tú ya no eres sorda ni ciega.
Escucha, tu espejo quiere decirte algo: “Quiérete».