La sociedad no está perdida

Hoy cuando la elementalidad cree ganar o haber ganado. Hoy amanece, está el fuego rojizo de una luz que bulle por manifestarse como vol­cán en erupción. Atrás quedan los gritos elementales, la oscu­ridad de las demostraciones queriendo imponer la irrealidad de mentes con ansia de posesión e imposición.

La ternura, la limpieza de sentimientos, se aletargaron en el afán de prevalecer como sea por encima de todo como aceite sobre agua. A la elementalidad no le importa si en su excita­ción vehemente por demostrar, araña almas de verdad absoluta.

El elemento, pasadas sus eufóricas embesti­das, necesitará de dichas almas un aliento de aire que le ayudará a disfrutar un cielo del que dudará aunque se lo entreguen.                              .

Los medios de comunicación transmiten a la sociedad, o viceversa, unos comportamientos que hacen creer que todo vale. Los humanos que buscan una convivencia con valores se dis­traen defendiéndose o esquivando el fuego cru­zado hasta llegar a su barricada, su escudo, hasta llegar a comprender.

No importan los actos, palabras o pensa­mientos ajenos, estos son balas de fogueo que no harán herida si nuestro interior no disparó. También nos  prueban   para  ver  si  deseamos lo que queremos.  El dolor  nos  hará  crear  en la mente o en físico la agresividad que sin ser consciente llegará a quien creemos lo merece y puede ser, incluso, a seres que queremos pero para cuando ellos lloren habremos olvidado que abrimos la puerta que otros elementos cruzaron para herirlos.

La sociedad no está perdida, es un lugar donde nos han puesto para evolucionar cada uno donde necesita. Podríamos haber tenido una vida mejor, pero también peor, incluidas razas o países donde nuestras pruebas seguirían siendo las mismas.

Somos los humanos los que debemos aceptar y aceptarnos y entregar al mundo lo que de él es­peramos y todos podemos todo, pero cada cual en su limite aunque solo fuera pensando.

El paraíso lo crea quien lo  obtiene hacien­do participe a quien lo rodea, en ocasiones, con solo una sonrisa. Todo lo demás que impide transmitir ilusio­nes y sonrisas, aunque sean enfermedades, es humo que se vierte sobre la verdadera verdad para no aceptar que somos una partícula del Creador al que negamos a través de nuestras im­puestas limitaciones.

Que no nos distraigan los “no puedo”, ¡pue­des!, solo has de ser tú mismo.

Extraído de Pensamientos líricos