EL SENTIR DE LA DECEPCIÓN

Manuela Clemente

 

 

 

 

 

Hay muchos tipos de personas en el mundo; están las que confían en otros sin más, las que confían después de un largo tiempo de conocimiento personal; las que son desconfiadas por naturaleza y las que son desconfiadas porque han aprendido a serlo. Si tuvieras que encasillarte dentro de uno u otro tipo de persona…¿por cuál te decantarías?. Yo lo tengo muy claro, creo que soy de las del primer grupo. Después de muchas decepciones sufridas, aún sigo creyendo en la bondad humana- ¿un error?- probablemente lo sea.

El ser humano es un soñador nato, soñamos despiertos, imaginamos y recreamos situaciones que nos gustaría que sucedieran, las disfrutamos y tratamos de alcanzarlas en nuestro mundo real. Esa es la razón por la que la mayoría, confiamos.

Confiamos en que el mundo es un lugar acogedor, un lugar que te empujará a conseguir tus metas; creemos que podremos alcanzar cualquier cosa que nos propongamos; que nuestros límites sólo son mentales…el mundo nos sonríe!!!, la sociedad nos acoge amablemente-¿verdad?- No me lo creo ni yo!. Pero aún así confiamos… Confiamos en que el dependiente de la tienda de nuestro barrio no nos va a engañar con los precios de los productos, que pagaremos por ellos lo más razonable; confiamos en que el del banco, ese que nos atiende con una sonrisa, hará por nosotros todo cuanto esté en su mano porque nuestro dinero esté a buen recaudo, total con esa sonrisa…qué interés va a tener él!!, seguro que hace perfectamente su trabajo, lo de que ni siquiera nos regale un calendario a primeros de año, es sólo una desafortunada coincidencia!

Y seguimos confiando en otras áreas vitales, en otras personas que de una forma u otra están en nuestra vida. Por eso, confiamos en la persona de la que nos enamoramos; depositamos nuestros sentimientos, temores, frustraciones, manías, complejos, sensaciones, opiniones, pensamientos…en su conocimiento; desnudamos nuestra alma… por eso…porque confiamos en que es la persona idónea, la que no nos defraudará jamás, nuestro “otro yo”…

Sin embargo, probablemente a ti también te haya pasado, llega un momento en que dejas de confiar. En que descubres que el de la tienda engorda los precios de algunos productos a su beneficio; que el del banco, mira por sus intereses y pasa de ti y de lo que le pueda pasar a tu dinero; que tu pareja, con quien has compartido cada parte de tu ser, ya no es quien creías que era. Y de pronto te encuentras en una encrucijada de decepción, sientes que estabas equivocado, que el mundo no es un lugar tan amable, que los buenos no siempre son tan buenos ni ideales; y los malos no son tan peligrosos ni temibles; de repente sientes un escalofrío, algo que mina tu motivación por absolutamente todo y es que de repente lo que ha cambiado, ha sido el prisma por el cual mirabas la vida, sentías el mundo.

De repente, has cambiado tú.