Creyendo que somos mejor

Tanto pedimos al cielo

que ilumine nuestros pasos,

que olvidamos, al tenerlo,

llorando por otro hallado.

Primero queremos vida

y que nos amen corazones,

exigiendo en la apatía

dominar otras razones.

Aquel  que ganó culpando

siempre tendrá una razón

para herir sueños y pasos

creyendo hacerlo mejor.

No pretender culpa ajena

para imponer nuestros actos,

nos trae la vida plena

y convivencia de pasos.

Dormir tirano interior,

usurpador de verdad,

es no imponer con dolor

lo que nos pudo salvar.

Una, dos, mil o más veces

en sus actos nos veremos,

repetiremos así haceres

hasta entender nuestros hechos.

Tanto se pide a la vida,

creyendo que somos mejores,

que el caos, tras la apatía,

besa nuestros corazones.

Tanto se le echa culpa

a aquél que ha errado en sus actos,

que la saña no ve nunca

que deseó ese calvario.

Por más verdad que creamos

que lleven nuestros movimientos,

se transformarán en violencia

si no aceptamos los hechos.

    Espejos de nuestra esencia