Ser poeta

“La escritura es la pintura de la voz”.

Voltaire

 

 

Ser poeta es dejarse llevar  por el corazón,

es sentir la pureza del sentimiento

es querer y proyectar a mor.

 

Se poeta es decir con belleza

todas las palabras

aunque encierren todo el dolor.

 

Ser poeta es, así lo siento yo,

tener el alma limpia,

es decir de viva voz una canción.

 

Ser poeta es escuchar el silencio

sin mirar el reloj,

es ser espectador y soñador.

 

Ser poeta es una pócima de locura

con la cordura y la gracia de Dios.

primer poema de Un río de amores

la foto del perfil de Catalina Cano Sarabia

Katy Cano Sarabia

Microcuentos y frases

  1. ¿A dónde irán todos los trozos de mí que solo son contigo, cuando dejemos de ser nosotros?

 

  1. Amar debería ser algo así como mirar a tu alrededor y descubrir que el mundo es un lugar maravilloso en el que vivir

 

  1. Quizá no haga falta recordarte lo que pudo ser.

 

  1. He tropezado tantas veces con tus “quizás” que se me han caído todas las ganas de los bolsillos.

 

  1. Se la mujer de la que puedan sentirse orgullosas las siguientes generaciones

 

  1. Me avergüenza tener que salir a las calles a pedir unos derechos que nos corresponden solo por el hecho de haber nacido

 

  1. Si no es contigo, prefiero no bailar.

 

  1. Contigo, cada parpadeo es una forma de perder el tiempo

 

  1. Dice Patricia Palombi que, aunque consigas amar a un monstruo y que él te ame de vuelta, jamás podrás cambiar su naturaleza. Yo le pregunto qué puedo hacer cuando el monstruo, soy yo.

 

  1. Intenté ahogar mis penas, y terminé ahogándome yo.

 

Fuensanta Ruiz-Erans Aupí

Al olor del pan

Pilar Valdés Belén, nació en la Habana, Cuba.Se graduó en Pedagogía por la universidad de Hertzen, Leningrado,Rusia obteniendo el grado científico de Master of Arts en Educación, especialista en Tiflopedagogia. Después de siete años regreso a su país de origen donde continuaría sus estudios de literatura critica y literatura rusa. Trabajaría un tiempo prolongado como profesora donde escribiría sus primeros borradores que se incrementaran cuando viaja a España donde reside largas temporadas en Cataluña y Almeria. De su experiencia en los países vividos y años de trabajo Pilar Valdés escribió su primera novela, Al OLOR DEL PAN.

 

 

CAPÍTULO I

 

No creo en la suerte, ni en las casualidades, ni en el amor. Sabía que las leería alguna otra voz, pero no sabía cuándo…

Octubre. 1936

Desde aquí viene a mi mente el recuerdo de cuando te vi por primera vez, un 12 de octubre. Th sonrisa me hizo girarme. ahí estabas tú, revoloteando y alborotando todo a tu alrededor, llovía a cántaros, aunque tratabas de cubrirte con un papel de periódico, las gotas de agua caían sobre tus trenzas. Enloquecí, mi corazón se paró, bajé mi paraguas sin darme cuenta, no dejé de mirarte fijamente. Reaccioné cuando ya corríamos todos para meternos debajo del techo de la panadería. Estábamos empapados… Pienso en ti siempre, al levantarme, al acostarme, en mis batallas y hasta en mis sueños…

—¿Qué lees? —preguntó Ariadna, sorprendida al no entender qué leía su prima Rachel. La miró fijamente esperando una res­puesta. pero esta en ningún momento levantó la vista del folio. Se inclinó bruscamente, mientras se dirigía a la sección donde se encontraban todos los libros de Cortázar, deslizó lentamente sus finos dedos hasta que se pararon en seco y sacaron Rayuela. Había desarrollado el gusto por la lectura gracias a su tía Paca, que de niña rebuscaba en los anticuarios libros con la cubierta de piel, el negro o el rojo, hasta encontrar cl que no había leído. Cada mes lo hacía; buscaba un libro para leer, aunque fuera de caballería. No recordaba las veces que se había prometido que de mayor tendría una biblioteca igual de grande, atesoraba nove­cientos veintidós libros, heredados del abuelo Antonio. Lo que más le gustaba, sin duda, eran los libros de poesía pequeños, con sus hojas sueltas, amarillentas, con ese olor a vainilla y la cubierta marcada con letras de tinta negra.

–Son cartas, «de  los tiempos de antes» contestó Rache! distraídamente, aunque alguna vez la llamábamos Raquel y no le gustaba.

-¿De quién? -curioseó moviendo la nariz y estornudando

a la vez Ariadna.

Parece  que  son  de  un  tal  José,  a  la tía  Paca  – respondió desempolvando las otras cartas.

Ariadna dejó en su sitio el libro que tenía entre las manos, se

acercó a su prima t ras el traspié con la máquina de coser Singer que servía de mesa a la máquina de escribir y finalmente se sentó silenciosamente a su lado, observando cómo Rache! se encontra­ba completamente envuelta en la lectura de aquel pequeño teso­ro. Habían encontrado las cartas en el diario de recetas, ese que tantos años había tardado en escribir el abuelo Antonio, donde escondía los secretos para un buen amasado del pan. Envueltas en un pañuelo blanco, casi amarillento por el transcurso de los años, amarradas con un cordel de saco.

-¿Las has leído? No son para ti-le recriminó Ariadna.

-Solo un trozo, voy a llevárselas a la tía Paca porque no creo que sepa que están aquí. ¿Y ese José? No he oído hablar de él nunca. Al salir, cerraron la puerta haciendo estremecer los libros que reposaban amontonados en la mesa de la entrada, cerca de la chimenea donde me acurrucaba con la manta en el sillón los días de frío para terminar las últimas hojas del libro Crimen y castigo en compañía de mi lámpara redonda.

Caminaron ágilmente por el ancho pasillo escuchando el bu­llicio de sus primos peleándose, seguramente por el fútbol.

 

OJALÁ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuensanta Ruiz-Erranz Aupí.

Escritora de poesía y narraciónde Las Torres de Cotillas. Ganadora del premio Escriduende 2017.

 

Ojalá pudieses verte a través de mis ojos. Ojalá, realmente, pudieses verte a través de los ojos de cualquiera. Sé que a veces mantienes alguna conversación con tu reflejo. No contigo misma, pues sé que no te reconoces y dudas quién pueda llevar la razón.

Sé que todo aquello que él te dijo hace cualquier comparación increíblemente odiosa. Y difícil. “¿Soy esa persona que veo? ¿Cuándo comencé a ser así? Y lo más importante ¿Volveré a ser quien era?” Piensas mientras evitas mirarte.

Ojalá, como dice Sara Bueno, con la venda de tus ojos te hicieses un lazo para el pelo. Ojalá pudieses dejar de creer todo aquello que crees que no funciona en ti. Todo aquello que él te dijo que no funciona en ti.

Ojalá tu valor y valía como mujer no hubiesen sido medidos por un hombre que desconoce la métrica, por un hombre que hay demasiadas cosas que desconoce. Ojalá no existiese una métrica acompañada por el sufijo “de mujer”.

Ojalá tu percepción, autocrítica y autoexigencia no formasen alianza con el estereotipo patriarcal de perfección. Ojalá estas no hubiesen declarado la guerra a tu autoconfianza, que trata de evitar las flechas que le lanzan sin lograr que algunas se hayan clavado en el corazón de tu autoestima, dejándola, para siempre marcada.

Hablas desde un presente que no se libera de las manchas del pasado. Hablas sobre un pasado que lucha por boicotear tu futuro. Ya no hablas de sueños. Ya no ríes, ya no sueñas.
Pero has empezado a vivir, aunque todavía no lo sepas.

Conseguiste dejar atrás al monstruo causante de tus pesadillas, al monstruo responsable de tus insomnios. Ahora la vida te sonríe, y, el espejo te devuelve la sonrisa.

Sí, ojalá pudieses verte a través de los ojos de cualquiera. porque déjame decirte cuál es tu verdadero reflejo. Te he visto pisar fuerte aun con las rodillas temblando de miedo. Te he visto y te veo válida, querida, segura. Te he visto decir a otras que deben quererse. Te he visto preguntar si algún día alguien te querrá, si alguien te verá. Y no entiendes que nadie podrá hacerlo si tú no lo haces.

Y fíjate, escucha, que tus espejos ya no están amordazados y tú ya no eres sorda ni ciega.
Escucha, tu espejo quiere decirte algo: “Quiérete”.

 

Sueño…

Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Las Torres de Cotillas.
Licenciado en Derecho. Trovero y miembro de la Campana de Auroros del municipio.
Sueño…
Un ligero aleteo
de mariposa sutil
me deja en el manto añil
de los brazos de Morfeo.
El tímido balanceo
de aquel péndulo pequeño
hace que ya no sea dueño
del laurel del pensamiento
e inicio el camino lento
por las sendas de mi sueño.

DÍA DE VIDA

Elena Solano Aroca es una estudiante de primero de Medicina nacida en Murcia el 25 de mayo del año 2000. En 2016, participó en el II Certamen Literario de Relatos de igual inteligente, organizado por la empresa Aguas de Murcia, con el microrrelato “No ficción”. Ganó en dos ocasiones el primer puesto del concurso literario del IES Miguel Espinosa, en el curso escolar 2016/2017, con el relato “De hueso y acero”, y en el 2017/2018, con “Día de vida”.

 

 

 

 

 

DÍA DE VIDA

“Ya llega” fueron las palabras que su cuñada pronunció y que lo empujaron a dejar su puesto en la fábrica. Echó a correr hacia su casa, donde la matrona, las abuelas del bebé y él mismo asistirían el parto.

La goma de los zapatos levantaba nubes de polvo con cada zancada. “Voy a ser padre”. El sudor chorreaba por sus sienes ardientes y por su boca entraba aire a los pulmones exhaustos. “¿Será Ainhoa o Pedro?”.

El mundo estaba lleno de peligros, y un niño no sabría cómo vivir en él si sus padres no le despejaban el camino. Siempre lo supo, pero no fue hasta que los nueves meses de espera terminaron, hasta aquel veintiséis de abril, que la responsabilidad se desplomó sobre sus hombros.

Su mujer y él no eran más que niños; aún no tenían nada que enseñar.

“¿Estaré a la altura?”.

Alzó la vista. Alas negras quebraron la blancura del cielo y un rugido enterró la villa. Entonces, Guernica enmudeció.

 

 

Como se describe el amor

 

 

Ese día en que llegó el amor,

ella lo esperaba ilusionada,

ella sentía su presencia en el

aire que respiraba.

Se hacía mil preguntas y  a

ninguna se  contestaba.

Se sentía envuelta  por él,

como un regalo deseado, cada

segundo el fuego corría por su

piel, ella flotaba.

Sueños que pasaban junto a ella

que al pasar,  su corazón azoraba,

ella dibujaba su cara, su corazón,

la desdibujaba.

Sí,  había llegado a su corazón el

amor, que tanto anhelaba.

Solo faltaba la presencia del galán,

que ella tanto amaba, cuando llegó,

Lola Egea

vio en sus ojos  que él, también la

amaba.

EL SENTIR DE LA DECEPCIÓN

Manuela Clemente

 

 

 

 

 

Hay muchos tipos de personas en el mundo; están las que confían en otros sin más, las que confían después de un largo tiempo de conocimiento personal; las que son desconfiadas por naturaleza y las que son desconfiadas porque han aprendido a serlo. Si tuvieras que encasillarte dentro de uno u otro tipo de persona…¿por cuál te decantarías?. Yo lo tengo muy claro, creo que soy de las del primer grupo. Después de muchas decepciones sufridas, aún sigo creyendo en la bondad humana- ¿un error?- probablemente lo sea.

El ser humano es un soñador nato, soñamos despiertos, imaginamos y recreamos situaciones que nos gustaría que sucedieran, las disfrutamos y tratamos de alcanzarlas en nuestro mundo real. Esa es la razón por la que la mayoría, confiamos.

Confiamos en que el mundo es un lugar acogedor, un lugar que te empujará a conseguir tus metas; creemos que podremos alcanzar cualquier cosa que nos propongamos; que nuestros límites sólo son mentales…el mundo nos sonríe!!!, la sociedad nos acoge amablemente-¿verdad?- No me lo creo ni yo!. Pero aún así confiamos… Confiamos en que el dependiente de la tienda de nuestro barrio no nos va a engañar con los precios de los productos, que pagaremos por ellos lo más razonable; confiamos en que el del banco, ese que nos atiende con una sonrisa, hará por nosotros todo cuanto esté en su mano porque nuestro dinero esté a buen recaudo, total con esa sonrisa…qué interés va a tener él!!, seguro que hace perfectamente su trabajo, lo de que ni siquiera nos regale un calendario a primeros de año, es sólo una desafortunada coincidencia!

Y seguimos confiando en otras áreas vitales, en otras personas que de una forma u otra están en nuestra vida. Por eso, confiamos en la persona de la que nos enamoramos; depositamos nuestros sentimientos, temores, frustraciones, manías, complejos, sensaciones, opiniones, pensamientos…en su conocimiento; desnudamos nuestra alma… por eso…porque confiamos en que es la persona idónea, la que no nos defraudará jamás, nuestro “otro yo”…

Sin embargo, probablemente a ti también te haya pasado, llega un momento en que dejas de confiar. En que descubres que el de la tienda engorda los precios de algunos productos a su beneficio; que el del banco, mira por sus intereses y pasa de ti y de lo que le pueda pasar a tu dinero; que tu pareja, con quien has compartido cada parte de tu ser, ya no es quien creías que era. Y de pronto te encuentras en una encrucijada de decepción, sientes que estabas equivocado, que el mundo no es un lugar tan amable, que los buenos no siempre son tan buenos ni ideales; y los malos no son tan peligrosos ni temibles; de repente sientes un escalofrío, algo que mina tu motivación por absolutamente todo y es que de repente lo que ha cambiado, ha sido el prisma por el cual mirabas la vida, sentías el mundo.

De repente, has cambiado tú.

Hay días en nuestra historia…

Manuela Clemente Martos. Taberno (Almería) 1987. Colaboradora en el Portal Educativo “Educapeques” (Grupo Gesfomedia – Madrid). Desde el 13/02/13 hasta el 23/09/13. Redactando artículos destinados a padres, profesores y todo tipo de educadores, en la escuela de padres del mismo portal educativo.https://www.educapeques.com/escuela-de-padres

Hay días en nuestra historia que merecen ser enmarcados. Bien sea por haber alcanzado algún objetivo, alguna meta, algún propósito…o puede que por todo lo contrario: por no haber conseguido absolutamente nada, después de una larga y tediosa espera…qué más da!, lo importante siempre es obtener ese mensaje que se esconde detrás de cada victoria, derrota o fracaso. A lo largo de mi vida, y pese a que soy joven, o me considero… (ya voy cumpliendo años)…he aprendido que los golpes duelen, pero que hay que saber encajarlos al estilo Balboa, sin dejar de avanzar.
Con cada uno de ellos, aprendes, tal vez más que con cualquier triunfo o éxito a lo grande.
Aprendemos, crecemos, abrimos los ojos…despertamos a la realidad, a la cruda, triste y
cruel realidad, donde tanto tienes, tanto vales…donde cualquier persona te puede fallar; donde nos vendemos al mejor postor o apariencia y donde, en definitiva, los valores son cada vez más escasos y extintos. Hay quien incluso se enferma al sentirse sometido a constantes golpes o avasallamientos vitales, personas que caen en depresión o en otras patologías …y sí,motivos les sobran; Pero siempre hay que sacar fuerza, de donde sea, porque la vida consiste es eso, en luchar. A veces me he preguntado por qué y para qué tanta lucha, si tampoco sabemos hasta dónde llegará nuestra corta trayectoria vital…pero siempre he encontrado la respuesta en las palabras de mi padre, MI PADRE, que cuando en alguna ocasión me ha visto a punto de tirar la toalla por algo, me ha recordado eso de “en la vida hay que luchar por algo”. Y yo mirándole, con el ejemplo de lucha, constancia y superación que para mi supone su figura, me he armado de valor y he remontado cada vez que me he caído. Qué suerte de padres he tenido en la vida, cuántos mensajes y enseñanzas acumulados en mi mente, por sus palabras.
A pesar del cúmulo de días mejores y peores que podamos tener, se debe siempre mirar
al frente sin perder de vista aquellos motivos, que constituyen el motor de nuestros días:
personas que nos apoyan y nos roban sonrisas, o nos hacen reír; pequeñas satisfacciones que a la mayoría de humanos les pasan desapercibidas, como ver a una planta florecer o remontar de una sequía; los amaneceres que compartimos con nuestro amor más incondicional en el paseo matutino (quien tenga perr@, sabrá a qué me refiero). Y bueno, si al mundo perruno hacemos referencia, entonces podemos considerarnos las personas más afortunadas o “suertudas” del universo, pues contamos con la más fiel y leal de las compañías…
Pase lo que pase hoy, siempre saldrá el sol mañana, y es ese mensaje el que debe constituir nuestra conducta diaria de afrontamiento. Puede que hoy no haya sucedido lo que esperabas, puede que esa espera se haya hecho demasiado larga y tediosa, puede…; puede que te haya fallado alguien que nunca imaginaste; puede que hayas sufrido una decepción de esas que suponen un shock mental y estés intentando remontar poco a poco…;puede que hayas escuchado algo que no esperabas y te hayas parado a reflexionar acerca de la veracidad de ese mensaje y sus consecuencias…;sea como sea, el mundo es compartido y la lucha va a estar asegurada, pues pese a que parezca una utopía y una antigualla, la teoría de Darwin está más viva que nunca: siempre sobrevive el más fuerte.
Sobrevivamos pues! Luchemos!!, que para tirar la toalla siempre hay tiempo, y si la tiramos que sea por habernos secado el sudor para seguir continuando, avanzando y luchando.
Así que pase lo que pase hoy, siempre saldrá el sol mañana…

Últimos años

Últimos años
Si han provocado tu
sonrisa
las ramas desnudas de un árbol mientras te arropabas, y has acudido al juego de prendas mientras ellas se vestían.
Si las fases lunares te han mostrado, por instantes,
signos de puntuación que
marcharon con la llegada de lunas nuevas.
Si has descubierto en los vuelos del mirlo los últimos haces de crepúsculo que anunciaban las alas oscuras de una noche.
Cuando el frío ajeno queme tu piel, si quieres, en mi sencillo hogar, tu blancura acariciará mis llamas.
                                                                                                                                                       Luis Ramiro Pinazo Espada
Profesor, escritor y tertuliano en medios de comunicación. Ha publicado poemas en numerosas revistas especializadas.
Luis Ramiro Pinazo