AL FINAL DEL ARCO IRIS.

 

Le llamó y fue escueto.
-¿Qué haces esta tarde?
– Nada.- le contestó.
-Te invito a cenar.-dijo. Y añadió:-Donde quieras. Yo invito.
Acordaron que pasaría a recogerle y cenarían en un local donde se exponían cuadros.
Vino la cerveza, la carne y las delicatesen del dueño.
Al final dijo:
-Voy al cuarto de baño.
En el camino se topó con un cuadro. No era excepcional, pero llamó su atención.
Se quedó mirándolo unos minutos. Le gustó el campo de girasoles y el arco iris dibujado al
fondo, indefinido y sin un final.
El dueño, en su papel, se acercó, y él le dijo:
-Resérvamelo.
El dueño, solícito, corrió a ponerle una etiqueta en la que se leía:-Comprado.
Después, cuando fue al cuarto de baño y regresó junto a su amigo este le preguntó:
-¿Has comprado un cuadro?-
Respondió afirmativamente.
-¿Te gusta?- le preguntó su amigo.
-Sí.- afirmó.- Le he hecho varias preguntas y sus respuestas han sido correctas.

 

José Solano

José Solano es licenciado en Historia. Durante su etapa académica trabajó el relato. En 1999 publicó en un libro firmado por varios autores. Desde entonces, y tras varios trabajos, se centró en una nueva actividad profesional como enfermero, hasta que en 2016 retomó el lápiz para bucear en el relato hiperbreve.

SEGMENTOS

José Solano es licenciado en Historia. Durante su etapa académica trabajó el relato. En 1999 publicó un libro firmado por varios autores. Desde entonces, y tras varios trabajos, se centró en una nueva actividad profesional como enfermero, hasta que en 2016 retomó el lápiz para bucear en el relato hiperbreve.
SEGMENTOS

…pericles cuatrocientos noventa y cinco cuatrocientos veintinueve antes de cristo augusto sesenta y tres antes de cristo catorce después de cristo  ellos los primeros adriano setenta y seis ciento treinta y ocho atila trescientos noventa y cinco cuatrocientos cincuenta y tres vosotros más tarde felipe segundo mil quinientos veintisiete mil quinientos noventa y ocho siempre rezando y encomendándote a dios pero no te sirvió de nada pedro primero el cruel mil trescientos treinta y cuatro mil trescientos sesenta y nueve te mataron muy joven pero antes te convirtieron en un perro rabioso entre todos federico primero barbarroja mil ciento veintidós mil ciento noventa cecil rodes saqueó áfrica pero únicamente estuvo entre mil ochocientos cincuenta y tres y mil novencientos dos y no se pudo llevar los diamantes duait de eisenjouer mil ochocientos noventa mil novecientos sesenta y nueve muchas estrellas sobre los hombros y una presidencia tal vez para olvidar jans cristian andersen mil ochocientos cinco mil ochocientos setenta y cinco concepción arenal mil ochocientos veinte mil ochocientos noventa y tres emilia pardo bazán mil ochocientos cincuenta y uno mil novencientos veintiuno charles dikens prisionero de la época victoriana entre mil ochocientos doce y mil ochocientos setenta os busco aunque no os encuentro en las páginas que escribisteis tampoco puedo ver a juán sebastián bac mil seiscientos ochenta y cinco mil setecientos cincuenta ni a leonar berstein mil novecientos dieciocho mil novecientos noventa entre las notas pablo ruiz picaso mil ochocientos ochenta y uno mil novecientos setenta y tres no creo que puedas pintar en este momento y tú averroes mil ciento veintiséis  mil ciento noventa y ocho no filosofas donde estás imágenes clar geabol mil novecientos uno mil novecientos sesenta ingrid berman mil novecientos quince mil novecientos ochenta y dos no sois vosotros federico felini mil novecientos veinte mil novecientos noventa y tres no te  puedo encontrar tras los rollos de película jacs anquetil mil novecientos treinta y cuatro mil novecientos ochenta y siete no fue suficiente pedalear estalin mil ochocientos setenta y nueve mil novecientos cincuenta y tres la represión y las deportaciones te sirvieron y a ti adolfo jitler mil ochocientos ochenta y nueve mil novecientos cuarenta y cinco destruirlo todo ataulfo una cruz en barcelona en cuatrocientos quince pero no hay inicio anomalía anomalía la anomalía y tú papá papá papá cómo lo soportaste cómo cómo cómo luz eres tú marco vinicio…

-No.  Soy Leandro Ruiz, el enfermero de guardia; y este es mi compañero Juan Verdú.

-Está hablando en voz baja y muy rápido desde que entré de turno. Nombres y fechas sin parar. He venido a verle cuatro veces.  Pero de repente ha empezado a gritar papá y te he llamado.  Yo lo veo muy mal.

-Y yo.

-Pero ¿qué tiene?

-Una psicosis tóxica.  Hace un año murió su padre y, según su mujer, empezó a beber mucho, a tomar coca y no sabe qué más.  Pedro Luis, escuche: dígame su nombre.

…segmentos sólo somos segmentos ataulfo la anomalía conrad adenauer mil ochocientos setenta y seis mil novecientos sesenta y siete papá papá cómo lo soportaste cómo cómo cómo…

-¿Es lo único que dice?

-Sí.

-Voy a mirar el tratamiento y ponerle algo para calmarlo un poco. ¿Le has revisado las correas?

-Sí.

-Vamos.  Apaga la luz cuando salgas.

-¿A qué se dedica este hombre?

-Es profesor de Historia.

…la luz la luz papá papá dímelo pedro luís ramírez villa mil novecientos sesenta y uno cuándo el final cuándo el final cuándo el final jo chi min mil ochocientos noventa mil novecientos sesenta y nueve…

 

La escuela antigua

La escuela antigua

 

Con estos versos quiero meditar,

sobre la escuela y los maestros de antaño,

sus cualidades también resaltar

y el trabajo personal nada extraño.

 

Aquellos maestros eran abnegados,

en la tarea de educar, formidables,

a sus niños totalmente entregados,

por su labor serán inolvidables.

 

Ellos dieron íntegra formación,

y consiguieron una gran hazaña,

al dar esa educación e instrucción

de la incultura sacaron a España.

 

Los padres daban ejemplo y consejo,

se respetaba toda la autoridad,

aquella escuela también fue el reflejo,

de cómo era entonces la sociedad.

 

Eran tiempos de escasez y pobreza,

los padres y maestros desde la infancia,

educaban con dulzura y firmeza… .

Íntegramente y con gran exigencia.

 

La escuela era su denominación:

graduada, unitaria o grupo escolar,

siendo siempre para la población

el lugar más querido y popular.

Salvador Pérez Vicente (1955), maestro y escritor.

 

Ser poeta

“La escritura es la pintura de la voz”.

Voltaire

 

 

Ser poeta es dejarse llevar  por el corazón,

es sentir la pureza del sentimiento

es querer y proyectar a mor.

 

Se poeta es decir con belleza

todas las palabras

aunque encierren todo el dolor.

 

Ser poeta es, así lo siento yo,

tener el alma limpia,

es decir de viva voz una canción.

 

Ser poeta es escuchar el silencio

sin mirar el reloj,

es ser espectador y soñador.

 

Ser poeta es una pócima de locura

con la cordura y la gracia de Dios.

primer poema de Un río de amores

la foto del perfil de Catalina Cano Sarabia

Katy Cano Sarabia

Microcuentos y frases

  1. ¿A dónde irán todos los trozos de mí que solo son contigo, cuando dejemos de ser nosotros?

 

  1. Amar debería ser algo así como mirar a tu alrededor y descubrir que el mundo es un lugar maravilloso en el que vivir

 

  1. Quizá no haga falta recordarte lo que pudo ser.

 

  1. He tropezado tantas veces con tus “quizás” que se me han caído todas las ganas de los bolsillos.

 

  1. Se la mujer de la que puedan sentirse orgullosas las siguientes generaciones

 

  1. Me avergüenza tener que salir a las calles a pedir unos derechos que nos corresponden solo por el hecho de haber nacido

 

  1. Si no es contigo, prefiero no bailar.

 

  1. Contigo, cada parpadeo es una forma de perder el tiempo

 

  1. Dice Patricia Palombi que, aunque consigas amar a un monstruo y que él te ame de vuelta, jamás podrás cambiar su naturaleza. Yo le pregunto qué puedo hacer cuando el monstruo, soy yo.

 

  1. Intenté ahogar mis penas, y terminé ahogándome yo.

 

Fuensanta Ruiz-Erans Aupí

Al olor del pan

Pilar Valdés Belén, nació en la Habana, Cuba.Se graduó en Pedagogía por la universidad de Hertzen, Leningrado,Rusia obteniendo el grado científico de Master of Arts en Educación, especialista en Tiflopedagogia. Después de siete años regreso a su país de origen donde continuaría sus estudios de literatura critica y literatura rusa. Trabajaría un tiempo prolongado como profesora donde escribiría sus primeros borradores que se incrementaran cuando viaja a España donde reside largas temporadas en Cataluña y Almeria. De su experiencia en los países vividos y años de trabajo Pilar Valdés escribió su primera novela, Al OLOR DEL PAN.

 

 

CAPÍTULO I

 

No creo en la suerte, ni en las casualidades, ni en el amor. Sabía que las leería alguna otra voz, pero no sabía cuándo…

Octubre. 1936

Desde aquí viene a mi mente el recuerdo de cuando te vi por primera vez, un 12 de octubre. Th sonrisa me hizo girarme. ahí estabas tú, revoloteando y alborotando todo a tu alrededor, llovía a cántaros, aunque tratabas de cubrirte con un papel de periódico, las gotas de agua caían sobre tus trenzas. Enloquecí, mi corazón se paró, bajé mi paraguas sin darme cuenta, no dejé de mirarte fijamente. Reaccioné cuando ya corríamos todos para meternos debajo del techo de la panadería. Estábamos empapados… Pienso en ti siempre, al levantarme, al acostarme, en mis batallas y hasta en mis sueños…

—¿Qué lees? —preguntó Ariadna, sorprendida al no entender qué leía su prima Rachel. La miró fijamente esperando una res­puesta. pero esta en ningún momento levantó la vista del folio. Se inclinó bruscamente, mientras se dirigía a la sección donde se encontraban todos los libros de Cortázar, deslizó lentamente sus finos dedos hasta que se pararon en seco y sacaron Rayuela. Había desarrollado el gusto por la lectura gracias a su tía Paca, que de niña rebuscaba en los anticuarios libros con la cubierta de piel, el negro o el rojo, hasta encontrar cl que no había leído. Cada mes lo hacía; buscaba un libro para leer, aunque fuera de caballería. No recordaba las veces que se había prometido que de mayor tendría una biblioteca igual de grande, atesoraba nove­cientos veintidós libros, heredados del abuelo Antonio. Lo que más le gustaba, sin duda, eran los libros de poesía pequeños, con sus hojas sueltas, amarillentas, con ese olor a vainilla y la cubierta marcada con letras de tinta negra.

–Son cartas, «de  los tiempos de antes» contestó Rache! distraídamente, aunque alguna vez la llamábamos Raquel y no le gustaba.

-¿De quién? -curioseó moviendo la nariz y estornudando

a la vez Ariadna.

Parece  que  son  de  un  tal  José,  a  la tía  Paca  – respondió desempolvando las otras cartas.

Ariadna dejó en su sitio el libro que tenía entre las manos, se

acercó a su prima t ras el traspié con la máquina de coser Singer que servía de mesa a la máquina de escribir y finalmente se sentó silenciosamente a su lado, observando cómo Rache! se encontra­ba completamente envuelta en la lectura de aquel pequeño teso­ro. Habían encontrado las cartas en el diario de recetas, ese que tantos años había tardado en escribir el abuelo Antonio, donde escondía los secretos para un buen amasado del pan. Envueltas en un pañuelo blanco, casi amarillento por el transcurso de los años, amarradas con un cordel de saco.

-¿Las has leído? No son para ti-le recriminó Ariadna.

-Solo un trozo, voy a llevárselas a la tía Paca porque no creo que sepa que están aquí. ¿Y ese José? No he oído hablar de él nunca. Al salir, cerraron la puerta haciendo estremecer los libros que reposaban amontonados en la mesa de la entrada, cerca de la chimenea donde me acurrucaba con la manta en el sillón los días de frío para terminar las últimas hojas del libro Crimen y castigo en compañía de mi lámpara redonda.

Caminaron ágilmente por el ancho pasillo escuchando el bu­llicio de sus primos peleándose, seguramente por el fútbol.

 

OJALÁ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuensanta Ruiz-Erranz Aupí.

Escritora de poesía y narraciónde Las Torres de Cotillas. Ganadora del premio Escriduende 2017.

 

Ojalá pudieses verte a través de mis ojos. Ojalá, realmente, pudieses verte a través de los ojos de cualquiera. Sé que a veces mantienes alguna conversación con tu reflejo. No contigo misma, pues sé que no te reconoces y dudas quién pueda llevar la razón.

Sé que todo aquello que él te dijo hace cualquier comparación increíblemente odiosa. Y difícil. “¿Soy esa persona que veo? ¿Cuándo comencé a ser así? Y lo más importante ¿Volveré a ser quien era?” Piensas mientras evitas mirarte.

Ojalá, como dice Sara Bueno, con la venda de tus ojos te hicieses un lazo para el pelo. Ojalá pudieses dejar de creer todo aquello que crees que no funciona en ti. Todo aquello que él te dijo que no funciona en ti.

Ojalá tu valor y valía como mujer no hubiesen sido medidos por un hombre que desconoce la métrica, por un hombre que hay demasiadas cosas que desconoce. Ojalá no existiese una métrica acompañada por el sufijo “de mujer”.

Ojalá tu percepción, autocrítica y autoexigencia no formasen alianza con el estereotipo patriarcal de perfección. Ojalá estas no hubiesen declarado la guerra a tu autoconfianza, que trata de evitar las flechas que le lanzan sin lograr que algunas se hayan clavado en el corazón de tu autoestima, dejándola, para siempre marcada.

Hablas desde un presente que no se libera de las manchas del pasado. Hablas sobre un pasado que lucha por boicotear tu futuro. Ya no hablas de sueños. Ya no ríes, ya no sueñas.
Pero has empezado a vivir, aunque todavía no lo sepas.

Conseguiste dejar atrás al monstruo causante de tus pesadillas, al monstruo responsable de tus insomnios. Ahora la vida te sonríe, y, el espejo te devuelve la sonrisa.

Sí, ojalá pudieses verte a través de los ojos de cualquiera. porque déjame decirte cuál es tu verdadero reflejo. Te he visto pisar fuerte aun con las rodillas temblando de miedo. Te he visto y te veo válida, querida, segura. Te he visto decir a otras que deben quererse. Te he visto preguntar si algún día alguien te querrá, si alguien te verá. Y no entiendes que nadie podrá hacerlo si tú no lo haces.

Y fíjate, escucha, que tus espejos ya no están amordazados y tú ya no eres sorda ni ciega.
Escucha, tu espejo quiere decirte algo: “Quiérete».

 

Sueño…

Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Las Torres de Cotillas.
Licenciado en Derecho. Trovero y miembro de la Campana de Auroros del municipio.
Sueño…
Un ligero aleteo
de mariposa sutil
me deja en el manto añil
de los brazos de Morfeo.
El tímido balanceo
de aquel péndulo pequeño
hace que ya no sea dueño
del laurel del pensamiento
e inicio el camino lento
por las sendas de mi sueño.

DÍA DE VIDA

Elena Solano Aroca es una estudiante de primero de Medicina nacida en Murcia el 25 de mayo del año 2000. En 2016, participó en el II Certamen Literario de Relatos de igual inteligente, organizado por la empresa Aguas de Murcia, con el microrrelato «No ficción». Ganó en dos ocasiones el primer puesto del concurso literario del IES Miguel Espinosa, en el curso escolar 2016/2017, con el relato «De hueso y acero», y en el 2017/2018, con «Día de vida».

 

 

 

 

 

DÍA DE VIDA

“Ya llega” fueron las palabras que su cuñada pronunció y que lo empujaron a dejar su puesto en la fábrica. Echó a correr hacia su casa, donde la matrona, las abuelas del bebé y él mismo asistirían el parto.

La goma de los zapatos levantaba nubes de polvo con cada zancada. “Voy a ser padre”. El sudor chorreaba por sus sienes ardientes y por su boca entraba aire a los pulmones exhaustos. “¿Será Ainhoa o Pedro?”.

El mundo estaba lleno de peligros, y un niño no sabría cómo vivir en él si sus padres no le despejaban el camino. Siempre lo supo, pero no fue hasta que los nueves meses de espera terminaron, hasta aquel veintiséis de abril, que la responsabilidad se desplomó sobre sus hombros.

Su mujer y él no eran más que niños; aún no tenían nada que enseñar.

“¿Estaré a la altura?”.

Alzó la vista. Alas negras quebraron la blancura del cielo y un rugido enterró la villa. Entonces, Guernica enmudeció.

 

 

Como se describe el amor

 

 

Ese día en que llegó el amor,

ella lo esperaba ilusionada,

ella sentía su presencia en el

aire que respiraba.

Se hacía mil preguntas y  a

ninguna se  contestaba.

Se sentía envuelta  por él,

como un regalo deseado, cada

segundo el fuego corría por su

piel, ella flotaba.

Sueños que pasaban junto a ella

que al pasar,  su corazón azoraba,

ella dibujaba su cara, su corazón,

la desdibujaba.

Sí,  había llegado a su corazón el

amor, que tanto anhelaba.

Solo faltaba la presencia del galán,

que ella tanto amaba, cuando llegó,

Lola Egea

vio en sus ojos  que él, también la

amaba.